Poema, titulado: Porque Los Poetas Mueren Autor: Heriberto Alvarado Ramírez.

Y lo conocí… Y la ví… Vi en su mirada una profunda tristeza que salio como raudo proyectil de esos ojos negros trasnochadores, volví a mirarla y esta vez pude ver un ser hermoso que ostentaba larga y negra cabellera, su mirada era esquiva y tímida, tenía un aura angelical, tenía la vida por delante, un que se que no soy un estandarte; pero comprendo que la vida es de aguante y ante cualquier situación desafiante, podré tener la voluntad de mirar esos ojos y salír adelante. Adelante como el viento que susurro y huyó cobardemente para no ser cómplice de ese cruce frustró de miradas, sin saber el, que un día la bella acudiría al momento más sublime vivido; donde pudo desarroparse de tanto atavio de antaño que le producía desasosiego y melancólica. Pero un buen día cómo son esos días, grito como si padeciera una orgía y salió desaforada la melancolía y ya eran buenos días. El cabello mojado, el alma erguida la vida vivida y la mente dispuesta, como gota de agua pura en su piel que inscribe las ganas de un nuevo amanecer, de salir del túnel, con ansias de ser penetrada por ese aliento fresco y espeso que eriza todos los folículos de su tersa y bronceada piel. Qué penetre la vida, que llegue la paz pero con alborotó de pasión, de sudor, de locura lúcida, de expresión de amor, con odio al olvidó, de parir justamente, de morir en su mente y de estraviar el corazón en un seño fruncido, en un cuerpo esculpido, anhelando la grandeza de ser un día el colecho de una trampa de seda; que atrape sus músculos y fluidos en un baiven de sabor insulso, que le permita decir; lo hice y no me arrepiento